Cartel 2
La ruptura definitiva del estilo volguense se da en las primeras décadas del siglo XX, según los datos recabados y coincidentes con las fechas inscriptas en las construcciones. El cambio es notorio, sino radical; si bien no hay textos que lo verifiquen, lo que podemos conjeturar es que se debió a dos elementos específicos: la prosperidad económica y la apertura social.
Sabemos que los primeros años las cosechas fueron un fracaso, pero conforme se fue mejorando el manejo de las semillas y adaptando las técnicas de cultivo, los resultados fueron cada vez mejores. Esto generó un progreso económico en varias familias de la colonia las cuales comenzaron a construir nuevas casas. Para ello delegaron la tarea a constructores (no se registran arquitectos en Cnel. Suárez hasta la década de 1940) que se habían radicado en la cabecera del distrito. La gran mayoría de estos constructores eran inmigrantes italianos, los cuales traían su impronta y la replicaban en sus obras, es así que surge lo que en arquitectura se denomina estilo italianizante. De ésta manera comenzaron a aparecer, en principio en la calle ancha, notables construcciones completamente diferentes a lo que se conocía en la colonia. Eran casas de altura considerable construidas con ladrillos y cemento o barro y revocadas. Las incorporaciones más notables son las ornamentaciones (pre-moldeadas) que se colocaban en la parte superior y alrededor de las aberturas, también se incorporó el hierro forjado, para barandas y portones. Las aberturas son de una altura considerable, llegando a medir hasta tres metros, generalmente construidas en madera con celosías de metal. Las disposiciones son en general similares a las viviendas volguenses con la galería lateral y con dos o tres habitaciones.
Está justificada la noción de apertura social, ya que se accedió a
mano de obra externa al pueblo, es decir, los propietarios debieron
relacionarse con constructores que no pertenecían a la comunidad. La
prosperidad económica se refleja en la cantidad y calidad de los materiales
utilizados, y por los costos implicados en ese tipo de mano de obra. Otro
cambio se manifiesta en las calles paralelas a la avenida principal, debido a
que se encuentran viviendas con estilos similares a las italianizantes, pero con
una notable reducción de costos, esto se deduce por la ausencia de revoques y
de ornamentaciones. Es decir, los que disponían de mayor poder adquisitivo
adquirían la vivienda acabada, en cambio los que no tenían los medios para
contratar un constructor italiano recurrían a albañiles locales y copiaban el
estilo.


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