Cartel 1
Los modos de construcción
El legado arquitectónico es consecuente con uno de los aspectos importantes en el estudio de la forma de la reconstrucción histórica, que nos permite tomar dimensión no sólo de las maneras de construir, sino también de las costumbres, los modos de vida, las distribuciones que marcan prioridades y los avatares que tuvieron que atravesar los alemanes asentados en Rusia y luego emigrados hacia Argentina, hasta consolidar lo que hoy podríamos llamar la arquitectura de los alemanes del Volga. Es por eso que en cada aspecto que detallemos de las primeras construcciones realizadas en Santa María, podremos incursionar en los vestigios que quedaron de aquellas aldeas a la vera del Volga. Schwerdt H. y Melchior J.C. Señalan:
“Las primeras viviendas construidas, al igual que el diseño urbanístico fueron copiados de los pueblos que habían dejado atrás, sin importar ni el clima ni el hemisferio ni el suelo, reprodujeron tal y como lo recordaban lo cual nos deja una fuente para reconstruir la vida de nuestros antepasados.” 1
El estilo de las viviendas que llamaremos “Volguense” cuenta con la particularidad de un acceso ubicado lateralmente al volumen que da hacia la calle, entrando en primera instancia al patio, luego a la galería y recién en un tercer momento al espacio cerrado de la vivienda. Las construcciones se realizaban en principio en adobe revocado en barro con techo de chapa o paja, luego se incorporó el ladrillo y en algún caso la piedra. La distribución más representativa estaba formada por dos volúmenes formando una L. Un espacio rectangular que se ubicaba paralelo a la calle, con dos ventanas hacia la vereda, generalmente con techo a dos aguas y excepcionalmente a cuatro aguas. A éste se le adosaba otro perpendicularmente, con techo de una sola agua unido al otro por una galería hacia el patio interno. La cenefa de la galería era de madera o chapa con artesonados. El ambiente principal de la casa era la cocina, que además cumplía con las funciones de comedor, sala de estar, recepción de visitas, estudio y oficina. Allí había un horno empotrado y se conectaba con un depósito o sótano para estibar y conservar alimentos. Tenían como mínimo tres dormitorios, ya que destinaban uno para las hijas mujeres y otro para los hijos varones. Eran espacios amplios y sólo pocas personas muy íntimas fuera de la familia podían acceder a ellos. Durante el verano la vida transcurría generalmente en la galería o corredor y era el espacio para la vida social, que se completaba con la cocina al exterior (die summer kich), para no calentar los espacios interiores.
El baño (nuschnik) se ubicaba en el exterior y se encontraba alejado del sector principal. Como originalmente los lotes eran de treinta metros por ciento diez metros, se podía distanciar aproximadamente unos veinte metros. En esta misma zona se ubicaban las dependencias de servicios, como el lavadero, la pieza de hornear y diferentes galpones que albergaban el establo, herramientas y estiba de leña, entre otros usos también la leña. La fachada se estructura en una secuencia: muro con dos ventanas, puerta (acceso peatonal) y portón (acceso vehicular), muy utilizada en la zona central y sudoeste de Alemania. Las ventanas estaban enmarcadas con tableros tanto en el interior como en el exterior y sus postigones de madera, trabajados con motivos tradicionales. La tipología descripta anteriormente se encontraba generalmente en la Avenida principal, pero al alejarnos del eje central, se puede observar versiones más pequeñas.
Nuevas construcciones cambian la impronta del pueblo:
La ruptura definitiva del estilo volguense se da en las primeras décadas del siglo XX, según los datos que pudimos recabar y coincidentes con las fechas inscriptas en las construcciones. El cambio es notorio, sino radical; si bien no hay textos que lo verifiquen, lo que podemos conjeturar es que se debió a dos elementos específicos: la prosperidad económica y la apertura social. Sabemos que en los primeros años las cosechas fueron un fracaso, pero conforme se fue mejorando el manejo de las semillas y adaptando las técnicas de cultivo, los resultados fueron cada vez mejores. Esto generó un progreso económico en varias familias de la colonia las cuales comenzaron a construir nuevas casas. Para ello delegaron la tarea a constructores (no se registran arquitectos en Cnel. Suárez hasta la década de 1940) que se habían radicado en la cabecera del distrito. La gran mayoría de estos constructores eran inmigrantes italianos, los cuales traían su impronta y la replicaban en sus obras, es así que surge lo que en arquitectura se denomina estilo italianizante. De ésta manera comenzaron a aparecer, en principio en la calle ancha, notables construcciones completamente diferentes a lo que se conocía en la colonia. Eran casas de altura considerable construidas con ladrillos y cemento o barro y revocadas.
Las incorporaciones más notables son las ornamentaciones (pre-moldeadas) que se colocaban en la parte superior y alrededor de las aberturas, también se incorporó el hierro forjado, para barandas y portones. Las aberturas son de una altura considerable, llegando a medir hasta tres metros, generalmente construidas en madera con celosías de metal.
Las disposiciones son en general similares a las viviendas volguenses con la galería lateral y con dos o tres habitaciones. Está justificada la noción de apertura social, ya que se accedió a mano de obra externa al pueblo, es decir, los propietarios debieron relacionarse con constructores que no pertenecían a la comunidad. La prosperidad económica se refleja en la cantidad y calidad de los materiales utilizados, y por los costos implicados en ese tipo de mano de obra. Otro cambio se manifiesta en las calles paralelas a la avenida principal, debido a que se encuentran viviendas con estilos similares a las italianizantes, pero con una notable reducción de costos, esto se deduce por la ausencia de revoques y de ornamentaciones. Es decir, los que disponían de mayor poder adquisitivo adquirían la vivienda acabada, en cambio los que no tenían los medios para contratar un constructor italiano recurrían a albañiles locales y copiaban el estilo.
Es así que el pueblo lució en los primeras décadas del siglo XX una variedad de construcciones que se mantuvo hasta hoy en día en la que se aprecian las casas volguenses y las italianizantes amalgamadas en la avenida principal y replicándose en las calles paralelas.
1SCHWERDT H.- MELCHIOR J. C., (1997) ”Antiguas tradiciones de los Alemanes del Volga” Gráfica Migliavaca. Buenos Aire (Pag.59)
Ramiro Bauer
Asociación de Turismo Comunitario Santa María. 2023
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A continuación compartimos imágenes de la inauguración de una de las Referencias Históricas colocadas en el pueblo. Agradecemos la presencia de autoridades, docentes y alumnos de la Escuela Secundaria n°2 con quienes realizamos el proyecto, trabajando de manera transversal con las materias de la orientación en Turismo, a Mauro Moccero en representación del Municipio de Coronel Suárez, quienes realizaron el aporte económico para la materialización de la cartelería, y a quienes forman parte de la Asociación de Turismo Comunitario de Santa María, organización impulsora de la propuesta.


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